Durante más de veinte años, Scott Coker ha representado la mayor alternativa al modelo de Dana White. Primero como fundador de Strikeforce y después como presidente de Bellator, el promotor estadounidense ha demostrado que existe otra forma de entender las artes marciales mixtas. Su nueva promotora, todavía sin nombre, pretende reducir el número de veladas respecto a los eventos UFC y así tener menos nombres pero más reconocibles.
Ahora, mientras prepara el lanzamiento de su nueva promotora para 2027, ha dejado una reflexión que merece atención: las MMA necesitan menos eventos. Su idea es arrancar con únicamente 12 veladas al año y crecer, como máximo, hasta unas 24. En una época en la que los eventos UFC ocupan prácticamente todos los fines de semana del calendario, la pregunta surge sola: ¿está el deporte sacrificando sus grandes estrellas por producir demasiado contenido?
Los eventos UFC han cambiado la forma de consumir las MMA
Hace apenas una década, cada cartelera numerada de UFC se vivía como una cita obligatoria. Había semanas de promoción, ruedas de prensa multitudinarias y un ambiente que convertía cada combate importante en un acontecimiento. Era el día.
Hoy el escenario es diferente. UFC organiza más de 40 eventos al año entre PPV y Fight Nights. En la práctica, eso significa que casi todos los fines de semana hay una cartelera. Desde un punto de vista empresarial, el modelo funciona. La organización mantiene satisfechos a sus socios televisivos, genera ingresos constantes y da actividad a una plantilla de más de 700 peleadores. Sin embargo, esa misma frecuencia ha cambiado la percepción del aficionado. Cuando siempre hay un evento a la vuelta de la esquina, resulta mucho más difícil sentir que uno de ellos es realmente imprescindible.
Scott Coker: Menos MMA, Más MMA
Las declaraciones de Coker no son una crítica directa a UFC, pero sí a la dinámica que vive actualmente el deporte. El promotor anunció que su nueva empresa celebrará únicamente doce eventos durante su primer año de vida y que el crecimiento será progresivo hasta alcanzar unas 24 veladas anuales. Su filosofía parte de una idea sencilla: cuando un evento tarda varias semanas en llegar, aumenta la conversación, crece la expectación y el combate adquiere mayor valor emocional para el espectador.
Tiempo para construir narrativas
Conor McGregor, Ronda Rousey, Anderson Silva o Georges St-Pierre dominaron titulares durante semanas antes de cada combate. Existía tiempo para entrevistas, documentales, enfrentamientos verbales y campañas promocionales que convertían cada pelea en una historia.
Hoy ese margen prácticamente ha desaparecido. Un luchador puede cerrar una cartelera estelar un sábado y apenas dos días después la maquinaria promocional ya está centrada en el siguiente evento. La atención cambia demasiado rápido y eso dificulta que el público conecte con nuevas figuras.
El mayor rival ya no es otra promotora
Las MMA ya no compiten únicamente contra el boxeo. Compiten contra Netflix, YouTube, TikTok, el fútbol, la NBA, los videojuegos y cualquier otra forma de entretenimiento que ocupa el tiempo libre del espectador. En ese contexto, lanzar contenido constantemente no siempre significa generar más interés. De hecho, muchas industrias han comprobado justo lo contrario: cuando todo parece importante, al final casi nada termina siéndolo. Ese es precisamente el riesgo que plantea Coker con los actuales eventos UFC.
Más eventos también tienen ventajas
Reducir el calendario tampoco resolvería todos los problemas. Gracias al elevado número de eventos, UFC puede desarrollar talento joven, ofrecer oportunidades a peleadores de todo el mundo y expandir las MMA hacia mercados donde hace apenas unos años resultaban impensables. Además, muchos atletas necesitan competir varias veces al año para seguir creciendo deportiva y económicamente. Un calendario demasiado reducido también limitaría esas oportunidades. Nunca llueve, ni lloverá a gusto de todos.
Quizá el problema no sea la cantidad, sino cómo se cuentan las historias
Las mejores etapas de UFC coincidieron con rivalidades perfectamente construidas. Jon Jones contra Daniel Cormier. Conor McGregor frente a José Aldo. Brock Lesnar, Chael Sonnen o Ronda Rousey trascendieron el octágono porque existía una narrativa que convertía cada pelea en un acontecimiento deportivo y cultural.
Hoy abundan excelentes combates, pero muchas veces falta precisamente esa construcción previa que hace que el aficionado casual quiera sentarse delante de la televisión. No siempre importa cuántos eventos UFC existen. Importa cuántos de ellos consiguen dejar huella.
Scott Coker pone el foco sobre una realidad incómoda
Cuando Scott Coker afirma que las MMA necesitan «agitar la jaula», probablemente no está hablando únicamente de crear una nueva promotora. Está cuestionando el rumbo que ha tomado un deporte que produce más contenido que nunca, pero que cada vez encuentra más dificultades para generar iconos generacionales.
Las palabras del histórico rival de Dana White invitan a una reflexión interesante: las grandes estrellas necesitan espacio para crecer, para conectar con el público y para convertirse en algo más que un nombre en una cartelera. En un deporte donde siempre hay un combate el próximo sábado, tal vez el recurso más valioso ya no sea organizar más eventos, sino conseguir que el siguiente consiga el mismo poder en la narrativa y conexión con el público.
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