Khamzat y la historia de un derribo indefendible

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By Ulises Izquierdo

Unas semanas después de que Khamzat Chimaev le hiciera saltar la dentadura por los aires durante su combate en UFC 308, Robert Whittaker reapareció públicamente en su propio podcast para dejar una pregunta que a día de hoy sigue sin respuesta: «¿Cómo se defiende ese derribo (de Khamzat)?».

Según explicaba Whittaker, sus sensaciones intercambiando golpes con Chimaev eran buenas. Le hacían sentir con la confianza de firmar una compraventa de puños con el ruso y llevarse la mejor parte.

La sorpresa para el australiano, no obstante, apareció cuando su rival «cambió de nivel como a un milímetro», firmando una entrada de derribo claramente indefendible. «Hicimos un montón de lucha, un montón de trabajo en la pared, pero es muy difícil replicar ese derribo», detallaba Whittaker.

«No es que sea ridículamente fuerte ni nada de eso, pero tenía una presión muy pesada, era muy bueno haciéndome trabajar y asegurándose de estar activo; siempre estaba buscando los underhooks, los agarres de tobillo, metiendo un gancho…», añadía.

Una historia que se repite

Escuchar a un luchador aceptar con tanta resignación la superioridad de un rival puede ser sorprendente, al tratarse de atletas que deben entrar en la jaula confiando casi ciegamente en su capacidad para imponerse al oponente.

Sin embargo, la aceptación de Whittaker resulta muy parecida a la que expresó Du Plessis al ser preguntado en la jaula después de casi 25 minutos de puro dominio por parte de Khamzat, en los que propinó 567 golpes tras cerrar con éxito 12 de 17 derribos.

«El tío tiene un control increíble desde arriba. Era como una sábana, no era cuestión de fuerza o físico, era como si supera cuál va a ser tu próximo movimiento», señalaba el sudafricano.

Si existe algún consuelo tanto para Whittaker como para Du Plessis es que la suya es una historia que se repite, porque en 9 peleas dentro de UFC, el lobo checheno ha logrado 26 de 47 derribos intentados, un porcentaje del 55% que subiría al 62% si no fuera por los 8 derribos defendidos por Kamaru Usman.

Khamzat y la «suerte» de los elegidos

Otro consuelo para los dos excampeones puede ser que, de tanto en tanto, surgen atletas tocados por una varita que, siguiendo los mismos métodos de entrenamiento que el resto, aplicando la misma técnica que los demás y enfrentándose a los mismos problemas, simplemente lo hacen mejor.

Pasaba con Jordan, que tuvo un porcentaje de acierto en los tiros libres del 83,5% y, además, la capacidad innata para meter siempre ese tiro clave, el que cambia historias y define carreras.

Ha pasado también con Messi, por ejemplo, que sin esfuerzo aparente ha clavado cientos de roscas en la escuadra sin esfuerzo aparente, o con Federer, cuyo revés mágico parece irrepetible hasta el momento.

Khamzat, como Topuria con sus combinaciones de boxeo, parece otro de esos elegidos. Guerreros con una «suerte» reforzada con mucho trabajo y sacrificio ante los que cabe la preparación previa a una pelea, pero frente a los que, después de haberse medido a sus oponentes, siempre les dejan con la misma pregunta, como hacer para lograr detenerles.

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